Nuestra posición

Queremos vivir en un mundo donde todos tengan un lugar acogedor y seguro al que llamar hogar, espacios verdes para hacer ejercicio y jugar, aire limpio para respirar, agua fresca para beber, acceso a atención médica integral y culturalmente apropiada, y asequible y saludable. y comida deliciosa para comer. Estos son los cimientos de una buena salud.

En este mundo, todos tendremos el poder de tomar decisiones sobre nuestro propio cuerpo y salud, para determinar c√≥mo se ve la prosperidad para nosotros y nuestras comunidades. Podremos elegir entre una amplia gama de pr√°cticas de atenci√≥n m√©dica culturalmente apropiadas que garantizan el bienestar de nuestras mentes, cuerpos y esp√≠ritus. Seremos empoderados con conocimientos y herramientas para defender nuestra salud. La informaci√≥n ser√° accesible para personas de todos los or√≠genes, culturas, edades y niveles educativos. Y nuestros profesionales m√©dicos reflejar√°n y abordar√°n las necesidades de nuestras diversas comunidades, especialmente aquellas de nosotros que hemos sido m√°s marginados. 

En este mundo, nuestros j√≥venes esperar√°n apetitosos almuerzos escolares y los consejeros escolares les dar√°n la bienvenida en cualquier momento que necesiten apoyo. El autocuidado ser√° la norma, y ‚Äč‚Äčnuestra salud y bienestar siempre ser√°n prioritarios, especialmente durante crisis como la pandemia de COVID-19. 

El problema

Las disparidades dentro del sistema de salud son desenfrenadas, desde el acceso y la asequibilidad hasta el tratamiento y la calidad de la atenci√≥n. Las personas de color, y las personas negras en particular, han sufrido a manos de nuestro sistema m√©dico. Los estudios han confirmado lo que las personas negras han estado informando durante generaciones: que los hospitales y las cl√≠nicas son escasos en sus comunidades, que la atenci√≥n m√©dica es inasequible, que el lenguaje m√©dico es dif√≠cil de entender y culturalmente insensible, y que los profesionales m√©dicos descartan su dolor y no lo ofrecen la atenci√≥n de calidad que reciben los blancos, a veces con consecuencias fatales. En sus momentos m√°s s√°dicos, las instituciones y los ‚Äúprofesionales‚ÄĚ m√©dicos han utilizado cuerpos negros y morenos para ‚Äúprobar‚ÄĚ toda una gama de horribles procedimientos m√©dicos y medicinas.

La pandemia mundial de COVID-19 puso de relieve estas disparidades, con pruebas y distribución de vacunas no equitativas en todo el país. También destacó la verdad más amplia de que los resultados de salud son un síntoma de disparidades mucho mayores: en el acceso a alimentos, vivienda, trabajos seguros y bien remunerados y espacios verdes. No es casualidad que COVID-19 afectó de manera desproporcionada a nuestras comunidades BIPOC; nuestra salud se vuelve más precaria debido a los entornos en los que vivimos y trabajamos.

Vivimos en un apartheid alimentario. Las tiendas de abarrotes con opciones frescas y saludables no se encuentran en ninguna parte de las comunidades de bajos ingresos y comunidades de color, y abundan las tiendas de licores y las tiendas de ‚Äúconveniencia‚ÄĚ caras. Este tipo de tiendas se agolpan alrededor de las escuelas secundarias, ofreciendo alternativas baratas y poco saludables a los almuerzos escolares que, aunque ahora se ajustan a las pautas nutricionales, no son muy apetecibles ni agradables. 

Las personas de color a menudo tienen varios trabajos y apenas se las arreglan. Estas condiciones conducen a algunas decisiones dif√≠ciles, como ver a un m√©dico o ir a trabajar para poner comida en la mesa, pagar el alquiler y las facturas, y cuidar a los ni√Īos. La planificaci√≥n de la ciudad y las inversiones han asegurado que algunos vecindarios est√©n bien mantenidos, con muchos espacios p√ļblicos acogedores para caminar, trotar y reunirse, mientras que otros est√°n encerrados por autopistas o ubicados cerca de f√°bricas que contaminan el aire y el agua. Para aquellos que no pueden permitirse el lujo de afrontar los crecientes costos de vida, no tener una vivienda tiene efectos dram√°ticos en la salud.

Para colmo de males, se invierten enormes cantidades de dinero en publicidad depredadora que se alimenta de la pobreza, el estr√©s y la adicci√≥n. Estas comunidades, y los j√≥venes en particular, son el objetivo de alimentos baratos y poco saludables, cigarrillos, alcohol, drogas y juegos de azar. Los recursos de salud mental est√°n profundamente subfinanciados en nuestro sistema de salud actual y pr√°cticamente inaccesibles para quienes m√°s los necesitan. El estigma social profundo impide que muchas personas busquen ayuda, y los BIPOC con problemas de salud mental se quedan sin ning√ļn tipo de apoyo social y, a menudo, son criminalizados y asesinados cuando est√°n en crisis.

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